LA DISCRECIÓN DEL PODER, Y EL PODER DISCRECIONAL

Si hay en el mundo una fuente de “conspiranoias” (o conspiraciones paranoicas) son los clubes secretos, que no sabemos si admiten acompañantes VIP (algunos habrá que sí). Varios de ellos son legendarios, como el “Club Bilderberg”. Pero existe. Es real.

Aquí no hablamos de nada místico o cruzado por fuerzas paranormales. Ni “reptilianos”, ni Priorato de Sión, ni Iluminati. Ni siquiera masones. No hay señores ataviados con togas llenas de signos esotéricos que hacen ceremonias incomprensibles. Es gente que habla (y decide) sobre la economía mundial y la geopolítica; aparentemente.

Sí tenemos a los más importantes financistas, políticos, y dueños de corporaciones de todo el mundo. Y se reúnen, en número algo mayor a un centenar, una vez al año. Este Club Bilderberg toma su nombre del hotel de los países bajos que eligieron para reunirse, por primera vez, en 1954. Fue idea del Rey Bernardo de Holanda y del magnate David Rockefeller, los primeros anfitriones. No consta que incluyeran a acompañantes VIP, como sí se hace en otros encuentros de poderosos…

La idea central -declarada- era mejorar las relaciones entre Estados Unidos y Europa. Porque estaban un poco resentidas luego de la segunda guerra mundial. Pero, afirman quienes han estudiado este fenómeno, que desde el principio la intención era reunir a los más poderosos dirigentes del mundo occidental. Y algunos más, para decidir el destino del planeta y todos sus habitantes.

La superestructura

Así podríamos llamar, sin mayores esfuerzos y tomando un término del marxismo, a este encuentro también denominado conferencia, grupo o foro Bilderberg. Porque reúne a personas de muy distinto origen, extracción, pensamiento y nacionalidad. Pero con algo en común que las pone por encima del resto: son los que deciden todo.

Hace pocos años, el Club estrenó una oficina de prensa. Pero aun así, en sus reuniones no existe un comunicado final ni se hacen declaraciones. Todo lo que allí se habla queda resguardado en el mayor secretismo. Y los amantes de las teorías conspirativas se relamen. Esto confirmaría, para ellos, que allí se cocinan las decisiones más importantes del mundo. Si no, no se explica tanto silencio. “Lo que pasa en Bilderberg se queda en Bilderberg”, podríamos decir, parafraseando a un famoso dicho sobre Las Vegas.

Las acompañantes VIP están en el salón de al lado…

Y no en ese donde se debate. Si es que hay debate, y no se trata solo de elegir entre planes de acción ya desarrollados. Imposible saberlo sin haber estado nunca en esos conclaves (nunca mejor aplicada la palabra, considerando su etimología).

Directores de los organismos multinacionales de crédito (Banco mundial, FMI). CEOs de las mayores corporaciones periodísticas. Fundadores de los más grandes conglomerados tecnológicos. Los banqueros más relevantes. Diplomáticos y jefes de Estado de los países de mayor peso en el mundo. No falta nadie.

Quien más ha investigado a este “Club” (por llamarlo de manera elegante) es un ex agente de inteligencia soviética. Se llama Daniel Estulin. Ha publicado libros al respecto, donde sostiene que este cenáculo es una corporeización de…“Una verdadera casta, formada por élites blancas de Europa y Norteamérica cuyo propósito, legado de añejos núcleos de poder, es mantener los privilegios que vieron tambalear después de los procesos globales de descolonización”.

“Ellos deciden cuándo y cómo aumentará el precio del petróleo, donde debe estallar una revolución o el destino de una nueva moneda. Su fin sería crear una especie de Empresa Mundial SA. Y manejar el mundo como si fuera un conglomerado económico” (que no hay tanta diferencia, digamos). Sería la gran cumbre de los poderes fácticos, económicos y comunicacionales, con una influencia superior a la de todos los gobiernos del planeta.

La pregunta que se impone es: Si fuera así, o si no fuera así… ¿Notaríamos la diferencia?

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